lunes, 20 de agosto de 2012

Las perdidas de las bodegas

A veces no sé por qué es tan jodidamente complicado comprar algo en una bodega. No lo digo por la indecisión respecto a qué cosa comprar, sino porque a veces uno tiene que lidiar con tal cantidad de idiotez junta que uno comienza a perder la fe en la humanidad.

Hace un par de días, como siempre me pasa a media tarde, me dio ganas de comprar algo rico de la tienda. Mi compra era bastante sencilla: una lata pequeña de pringles, un sublime wafer, un cifrut y galletas gran cereal clásicas. La ruta fue la siguiente:

Entro a la bodega uno y no se llegaba a ver a ninguna persona en el amplio mostrador. Estaban sentadas aparentemente en el piso, mirando la tele que está para el lado externo y casi pegada al techo, asumo que con una tremenda tortícolis que de repente les afectó la irrigación hacia el cerebro. Cuando finalmente una de las dos o tres vendedoras que habían se paró, se me quedó mirando embobada mientas le decía mi pedido. Se lo dije lo más pausado posible para que capte la idea, esta chica es la misma que hace tiempo no me entendió cuando le pedí una botella de agua, así que sabía que me debía manejar con cautela. Las pringles estaban a escasos dos pasos del lugar donde estaba, sin embargo se fue al otro extremo de la tienda para darme el cifrut. Felizmente me dio el acertado y en el tamaño correcto, así que por un momento pensé que la compra no iba a ser tan tortuosa. Craso error, la ilusión se desbarató de inmediato cuando la chica me entrega el cifrut y cree que mi pedido está completo. O sea, WTF! Te pido cuatro cosas, te las digo tan lento y pausado como Dori habló a las ballenas en Buscando a Nemo ¿y solo retuviste una de las cuatro cosas? ¿Eres la reencarnación humana de Dori o estás ensayando para "Como si fuera la primera vez"? Dando un profundo respiro (ya intuía que esto iba a tomar BASTANTE rato), le vuelvo a indicar el pedido, pero esta vez solo le dije un producto, para que vaya directamente a ese, me lo traiga y recién pedirle el siguiente. El producto elegido esta vez fue el sublime wafer. Tantas veces lo he pedido, que ya sé el lugar del mostrador en el que lo colocan. ¿Pero creen que la chica que trabaja ahí lo sabía? ¡Pues no! Se paseó toda la tienda, miró hacia arriba, regresó, trajo un banco, se trepó a él, ¡y nunca ponen ahí ese producto! En tanto que lo estaba buscando, yo había visto ya toda la tiendan y le dije que ya había visto que no lo tenía y que regresaba por el cifrut.

Voy a la segunda bodega. Hay una en el medio pero esa me la salteo siempre porque prefiero lidiar con brutos a que con antipáticos, y hay algunos ahí que atienden y no me caen, así que esa bodega es solo para compras de extrema necesidad. Entro a la otra bodega, miro al lado izquierdo y tenían sublime wafer, miro al lado derecho y tenían las galletas gran cereal clásicas. "¡Genial!", pensé, "por fin puedo terminar las compras y luego regresar por el cifrut y las pringles". Habían dos chicas atendiendo. Igual que en la otra bodega, me miran embobadas, pero le resté importancia, ya estaba seguro de la existencia de mi pedido ahí, así que "¿qué cosa podía salir mal?". Pues me alcanzan las galletas y el sublime wafer y me dicen que mi cuenta es de 19 SOLES. RECONTRA WTF! La miro con cara de "ayyyy mamita..." y le digo "¿un sublime wafer y cuatro galletas a 19 soles?". Ella recapacita, se ríe y me dice "ayyy disculpe, era la cuenta del otro señor". Ok, acepto la confusión, pero no me dice la cuenta, que a todo esto ya la tenía clara en mi cabeza. Le pregunta a la otra chica, para al final ella misma decirme el precio. Guardo las galletas y el sublime en mis bolsillos y entro de nuevo a la tienda uno.

Al entrar, lo primero que noto es que ya habían vuelto a guardar mi cifrut en el mostrador. O sea, ¿qué parte de "ya regreso por el cifrut" no me entendieron? Felizmente, estaba otra chica en la caja, la inteligente. Le hago mi pedido, que ahora solo era el cifrut y las pringles, y me lo trae de inmediato.

Contento, voy a mi casa, saco las galletas de mi bolsillo, y me doy cuenta que me había dado una galleta clásica y tres de cacao. Así que nuevamente tengo que salir. Voy a la tienda y le digo a la chica que le pedí cuatro clásicas y que me había dado tres de cacao. La monga me mira y me dice "no tengo, se me han terminado". La verdad, me contuve para no convertirme en Hulk, respiré profundo, una vez más, y le dije "pero si LAS ESTOY VIENDO. No te voy a pedir algo que no vea en el mostrador, están ahí". Las miró, sonrió, pidió disculpas y me las dio.

Tiempo invertido en comprar: más de 15 minutos.
Tiempo invertido en comer todo eso (a excepción de las pringles que las guardé para otro momento): menos de 15 minutos.

Nunca pensé que comprar piqueos podía ser tan complicado y largo.