sábado, 22 de enero de 2011

El taxista renegado

Un día se me hizo tarde para ir al trabajo y tuve que tomar taxi. Paré uno y me quiso cobrar una locura, así que no lo tomé. Detrás estaba otro taxista y se acercó. A continuación el enriquecedor diálogo que tuve con él (obviamente estoy siendo irónico):

- Buenos días, a Miraflores
- ¿Cuánto paga hasta allá?
- ¿Y usted cuánto me cobra?
- ¡Qué! ¿Acaso me va a pagar lo que le quiero cobrar?
- ¿Y acaso me va a cobrar lo que yo quiero pagar?
- ¡Ojalá nunca tenga que hacer taxi!
- ¡No me haga perder mi tiempo que voy a llegar tarde al trabajo!

Acto seguido, paró otro taxi, me dijo un precio, lo bajé en un par de soles y subi tranquilo.

Mi interpretación de la conversación es que ese señor no quiere ser taxista, nunca lo quiso, y las circunstancias lo han obligado. Seguro se ha quedado sin chamba, pero es obvio que no tiene la vocación de taxista. Entonces ¿por qué no se busca otro oficio y deja de jorobar a sus potenciales clientes? Porque si trata a todos así, no creo que le vaya muy bien en el día a día. Señor, si me llega a leer, ¡hágase un test vocacional!

sábado, 15 de enero de 2011

La loca anti celulares

Adivinen... otra historia en una combi.

Pero esta historia es de película, creo que le gana a las otras dos por mucho, y eso es decir bastante.

Una señora de avanzada edad, avanzadísima, digna representante del medioevo probablemente, sobre todo por sus modos arcaicos que luego conocerán, entra a la combi ayudada de su hija (o quizá cuidadora). Hasta ahí, pobre viejecita, medio tembleque, fatigada de la vida. Uno hasta casi se podía enternecer con la escena.

Pero ahí es que se acaba lo tierno. Resulta que suena el celular de una chica, y esta chica lo contesta. Normal, ¿no? Es decir, el celular está para eso, para que lo contestes cuando suena. Pero para esta amable viejecita, el sonido del celular y el hecho de que la chica conteste hizo que se convierta en la versión femenina y senil de Hulk. ¿Creen que exagero? Pues lean el resto de la historia.

La señora comenzó a gritar estruendosamente "¡No se puede hablar por celular! ¡Está prohibido hablar por celular! ¡No se habla cuando se está en un auto! ¡Nos va a matar con las ondas del celular! ¡Estas cosas solo pasan en Perú!" Y no paró de gritar estas cosas y más hasta que la chica tuvo que colgar, aunque ello durara unos eternos dos minutos. Aunque miento, luego de eso seguía diciendo "¡Esto solo pasa en el Perú!". La viejecita quizá necesitaba ayuda para caminar, pero vaya que tenía pulmones potentes, porque ni siquiera la música chicha de la combi se podía escuchar por sobre su vozarrón.

Después que pasó eso, lo único que yo pensaba era "por favor, ¡que nadie me llame mientras estoy en la combi!". Claro que, si me agarraba en mis momentos de orate urbano, que creo todos tenemos, quizá le hubiera dicho "señora, infórmese, ¡quien no puede hablar por teléfono es quien maneja!". Aunque claro, hubiese perdido, quién sabe qué cosa me hubiera contestado, y las canas se respetan.


La señora bipolar

O cómo una señora primero le pega a un cobrador para luego defenderlo de la policía.

Estoy por Miraflores en combi (sí, tengo el karma de siempre viajar en combis) y está parada en un semáforo en rojo. Cuando cambia a verde, una señora la quiere parar. El carro obviamente no se quiere detener, pero la mujer sigue al carro, agarra al cobrador por la ventana, el carro se detiene y la señora le comienza a meter golpe al cobrador, porque pasaba la voz al carro y no se detenía (para tal caso, ¿no "debía" pegarle al chofer?). Luego dejan subir a la señora al carro, obviamente el cobrador asustado cubriéndose para que no le caiga más golpe, y la señora lo seguía insultando con palabras que no pienso repetir.

Un par de cuadras más allá, la policía detiene a la combi, imagino yo, por el hecho de recoger a un pasajero en un paradero no autorizado o por detenerse cuando la luz estaba en verde (es decir, por la culpa de la señora). Y acá es que la señora se transforma y comienza a defender al chofer y al cobrador, diciéndole al policía "señor, sólo están haciendo su trabajo".

Aun así, creo que, luego de eso, siguió insultando al cobrador. Díganme acaso si esta señora no es una digna representante de los "orates urbanos".

El loco "de nada"

Esto ocurrió hace ya varios años y en un trayecto corto. Primero voy a contar exactamente lo que ocurrió, y luego divagaré un poco sobre lo que pudo haber ocurrido si el trayecto era más largo.

Subo con mi mamá a una combi para ir a comprar a un supermercado. Yo estaba en el asiento del cobrador y sube un señor de unos 70 años con bastón. Mi mamá estaba en el asiento reservado y a su lado había una persona joven que no se paró para darle asiento al viejecito. Como yo vi que había otro asiento libre, me paré y me senté ahí para darle sitio al, hasta ese momento, apacible señor. Mientras lo hice, seguía conversando con mi mamá. El señor, todo educado, me dijo gracias.

Pues, ustedes dirán, ¿ésto qué tiene que ver con orates urbanos? Pues tiene, y mucho, por lo que ocurrió después. El señor siguió diciendo gracias pero de una manera medio gritona y fea, y me decía "joven, le estoy hablando, le estoy diciendo gracias" y yo le contesté "señor estaba conversando con mi mamá", y sin que me permita decirle algo más me comenzó a decir que era un maleducado, un malcriado porque no sabía contestar, que si alguien daba las gracias uno debía contestar "de nada", que era una falta de respeto y una serie de locuras más, en una forma y un tono nada agradable. Si hubiera sabido cómo se iba a portar luego no me hubiera incomodado (el asiento al que me pasé era muy pegado y a las justas entraban mis piernas).

Ahora, qué hubiera pasado si es que el viaje hubiera durado más tiempo y el viejo me seguía agrediendo después que le cedí el asiento. Seguramente le hubiera dicho algo así como "mire señor, si no le digo 'de nada' es porque para mi ha sido una incomodidad, y lo he hecho no porque lo quisiera, sino porque era una obligación moral darle un asiento a un viejo, cosa que la persona joven que está en el asiento reservado no ha entendido, y para mi no ha sido 'de nada'. Si hubiera sabido la clase de señor que era, hubiera dejado que usted viajara incómodo y yo hubiera seguido en mi sitio".

Y sí, yo también tengo algo de orate urbano.

Las ciudades nos vuelven locos

Este blog nace por el deseo de querer compartir las historias que uno puede vivir día a día en cualquier ciudad, pero que quizá sean muy sui generis en nuestra Lima querida, llena de combis, vendedores que suben a los micros, lustrabotas, dateros, y gente común y corriente que de un momento a otro pierde los papeles por completo por culpa, quizá, de una urbe que los come vivos, o de repente porque simplemente están locos de remate.

Son tantas historias acumuladas a lo largo de los años que de seguro al inicio la publicación de post será bastante seguida, quizá hasta un par por día, y luego iré escribiendo conforme tenga vivencias dignas de contarse.

También pueden contarme las suyas en los comentarios de cada día, la idea es poder, en cierta medida, sacar todo lo que esta ciudad y sus "pintorescos" personajes nos provoca.

Acá termina la introducción, y ahora a contar historias.