domingo, 21 de agosto de 2011

La chica confundida de la tienda

Esto acaba de pasar hace un par de minutos:
Chica de la tienda: Señor, ¿en qué lo atiendo?
Yo: Dame un agua Cielo grande sin gas.
Chica de la tienda: Ahhh,  ¿una gaseosa...?
Yo: No, un agua Cielo
Chica de la tienda: Personal, ¿no?
Yo: ¡Te he dicho grande!
Chica de la tienda: No tengo Cielo, tengo San Mateo, San Luis y Vida.
Yo (ya algo desesperado): Entonces dame Vida.
(pasa un minuto)
Chica de la tienda: Ayyy, creo que no tengo Vida...
Yo (ya asado): Total ¿tienes Vida o no tienes Vida?
Chica de la tienda: No, se me ha acabado.
Yo (histérico): ¡No sabes lo que tienes!
No me quedó otra que ir a otra tienda y comprar la bendita agua, y ahí no fue necesario todo este diálogo, me entendió al toque y me alcanzó la botella.
Me pregunto ¿dónde miércoles tiene la cabeza esta chica?

jueves, 31 de marzo de 2011

Taxi a mitad de precio

Esta me acaba de pasar. Paro un taxi de la casa de mi enamorada para venir a mi casa. El diálogo es el siguiente:
- Buenas noches, a X.
- Ahh ya pues, vamos.
- ¿Pero cuánto me cobra?
- ¿Cuánto paga usted?
- Usted dígame...
- Diez.... ya ocho le dejo.
- No gracias, me está cobrando el doble.
- Bueno, hasta seis le puedo dejar.


O sea, casi me lo deja a mitad de precio, o mejor dicho, el muy vivo me estaba cobrando casi el doble de lo que debía cobrar. Me pregunto a cuántos incautos agarrará así con esa estrategia? Se hace el buenito haciendo un descuentito de dos soles, y en verdad está cobrando dos soles más de lo que debe. Pero conmigo no le ligó, pagué lo que tenía que pagar.

sábado, 26 de marzo de 2011

Otra de un taxista

Tomo un taxi saliendo del trabajo para ir donde mi enamorada. He llegado a pagar incluso 10 soles, el taxista me pide 14 y consigo bajarlo a 12.
Medio recorrido lo hace bien, por una ruta sin tránsito y sale rápido, pero luego mete la pata y se mete por una vía totalmente transitada, sobre todo si consideramos que estaba en plena hora punta. Le dije la ruta que podía tomar, pero no me hizo caso.
Luego, ya estando cerca de la casa de mi enamorada, me pregunta si va de frente o voltea. Yo la pienso rápido y le digo que voltee, porque de esa manera agarra otra ruta que me deja frente a la casa de mi enamorada, caso contrario tengo que caminar una cuadra porque la calle es contra el tránsito.
Sigue normal la ruta y luego se frena en seco porque dice que le estoy haciendo ir más lejos de lo acordado, que desde donde me ha traído por ese precio es demasiado poco y que me estaba aprovechando. Yo le dije que cuando le pedí la carrera le dije "a la altura de tal calle" y él lo niega, simplemente no quería avanzar.
Luego de hablar por regular rato, arranca nuevamente, aún quejándose, y me deja donde yo quería, pero de mala manera y diciéndome que por eso debería cobrar más. Yo le pregunté que cuánto más creía que podría cobrar por 3 cuadras, es más, considerando que avanzando media cuadra iba a llegar a ese punto en el que habíamos acordado. Me dijo que pregunte a otro taxi cuánto cobrarían por esa media cuadra (no por las tres cuadras, sino por la media cuadra que iba a recorrer sin mí).
Al bajar le digo que incluso conseguía la carrera por 10 soles, y me insulta y me dice misio... y de ahí insultos fueron y vinieron casi hasta que ese sujeto ya estaba por la esquina.

jueves, 3 de marzo de 2011

El taxista cobra doble

Salgo de mi casa con mi enamorada en dirección a su casa, para tomar un taxi ida y vuelta. Lo usual es que me cobren 10 soles. Así que paro un taxi, un Tico viejo con un conductor más viejo todavía, y me dice 10 soles. Subimos, el taxi voltea la esquina y el viejo nos dice "ahh, pero son 10 soles ida y 10 soles vuelta". "BAJOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!".

Taxis en San Valentín

Es por todos conocido que en las fiestas los taxis se aprovechan para cobrar más, pero hay situaciones ilógicas y absurdas. Estaba retirándome de la casa de mi enamorada en la noche de San Valentín, ya tarde, por lo que se sobreentendía que no me iba de juerga sino a mi casa (sobre todo tomando en cuenta que fue un día lunes). Paro un taxi y le pregunto cuánto me cobra, me dijo un precio 50% más de lo que usualmente pago, le digo lo que suelo pagar y me contesta que no, que ese día no, que otro día sí podía ser.

Pregunto, ¿a mi qué me importa cuánto me va a cobrar otro día? 

Taxista que no sabe su trabajo

Quiero tomar un taxi para ir a trabajar porque se me hizo tarde. Paro uno y le doy la dirección. Me pregunta cuánto pago hasta ahí, le contesto que cuánto me cobra y me responde que no sabe cuánto cobrar hasta ahí, así que le digo cuánto es lo que usualmente pago. Acto seguido, el taxista pone cara de molesto y arranca.

¿Por qué miércoles me preguntó cuánto pagaba si no le iba a gustar la respuesta? ¿No que no sabía cuánto cobrar? O sea, este pata no conoce Lima, no sabe cuánto cobrar, le pide al pasajero que haga su trabajo (seguramente hasta le hubiera tenido que indicar la ruta), un poco más y se sienta de copiloto para que uno maneje ¿y encima tiene el descaro de molestarse?

Hay cada orate en este mundo...

miércoles, 9 de febrero de 2011

No es orate, pero sí llamativa.

Una chica estaba en la combi y me llamó la atención por los audífonos con los que escuchaba música. Generalmente, todos tenemos estos pequeños audífonos que prácticamente se desaparecen en tu oído, y solo te delata que estás escuchando música por los cables que sobresalen de tus orejas. Había visto no hace mucho a un chibolo con esos audífonos grandotes, tipo de los DJ, pero los de esta chica superaron todo ello, ya que tenían... ¡micrófono incorporado! Felizmente no lo utilizó para ponerse a cantar lo que escuchaba. Me pregunto: ¿esta chica escogió esos audífonos porque tienen mejor sonido, porque no tenía otros o porque es un herramienta de trabajo ya que chambea de teleoperadora?

"No, no voy para allá"

Ésta es una típica de los taxistas limeños. Paras el taxi, le dices la dirección a la que vas, se quedan pensando varios segundos (algunos hasta hacen la ruta en el aire con su dedo, hasta he visto uno hacer cálculos matemáticos en el aire para ver si le conviene) y luego dicen "no, dísculpe, no voy para allá", o sino "no, hasta allá no llego". Y esos son los educados, hay otros que dicen "no" y arrancan, y hay otros incluso peores, que quizá se han quedado afónicos, pero arrancan de frente y encima con un gesto de molestia por haberlos hecho parar. Pregunto, ¿por qué mejor no ponen en las puertas del taxi los distritos a los que sí van, para no hacer perder tiempo?

sábado, 22 de enero de 2011

El taxista renegado

Un día se me hizo tarde para ir al trabajo y tuve que tomar taxi. Paré uno y me quiso cobrar una locura, así que no lo tomé. Detrás estaba otro taxista y se acercó. A continuación el enriquecedor diálogo que tuve con él (obviamente estoy siendo irónico):

- Buenos días, a Miraflores
- ¿Cuánto paga hasta allá?
- ¿Y usted cuánto me cobra?
- ¡Qué! ¿Acaso me va a pagar lo que le quiero cobrar?
- ¿Y acaso me va a cobrar lo que yo quiero pagar?
- ¡Ojalá nunca tenga que hacer taxi!
- ¡No me haga perder mi tiempo que voy a llegar tarde al trabajo!

Acto seguido, paró otro taxi, me dijo un precio, lo bajé en un par de soles y subi tranquilo.

Mi interpretación de la conversación es que ese señor no quiere ser taxista, nunca lo quiso, y las circunstancias lo han obligado. Seguro se ha quedado sin chamba, pero es obvio que no tiene la vocación de taxista. Entonces ¿por qué no se busca otro oficio y deja de jorobar a sus potenciales clientes? Porque si trata a todos así, no creo que le vaya muy bien en el día a día. Señor, si me llega a leer, ¡hágase un test vocacional!

sábado, 15 de enero de 2011

La loca anti celulares

Adivinen... otra historia en una combi.

Pero esta historia es de película, creo que le gana a las otras dos por mucho, y eso es decir bastante.

Una señora de avanzada edad, avanzadísima, digna representante del medioevo probablemente, sobre todo por sus modos arcaicos que luego conocerán, entra a la combi ayudada de su hija (o quizá cuidadora). Hasta ahí, pobre viejecita, medio tembleque, fatigada de la vida. Uno hasta casi se podía enternecer con la escena.

Pero ahí es que se acaba lo tierno. Resulta que suena el celular de una chica, y esta chica lo contesta. Normal, ¿no? Es decir, el celular está para eso, para que lo contestes cuando suena. Pero para esta amable viejecita, el sonido del celular y el hecho de que la chica conteste hizo que se convierta en la versión femenina y senil de Hulk. ¿Creen que exagero? Pues lean el resto de la historia.

La señora comenzó a gritar estruendosamente "¡No se puede hablar por celular! ¡Está prohibido hablar por celular! ¡No se habla cuando se está en un auto! ¡Nos va a matar con las ondas del celular! ¡Estas cosas solo pasan en Perú!" Y no paró de gritar estas cosas y más hasta que la chica tuvo que colgar, aunque ello durara unos eternos dos minutos. Aunque miento, luego de eso seguía diciendo "¡Esto solo pasa en el Perú!". La viejecita quizá necesitaba ayuda para caminar, pero vaya que tenía pulmones potentes, porque ni siquiera la música chicha de la combi se podía escuchar por sobre su vozarrón.

Después que pasó eso, lo único que yo pensaba era "por favor, ¡que nadie me llame mientras estoy en la combi!". Claro que, si me agarraba en mis momentos de orate urbano, que creo todos tenemos, quizá le hubiera dicho "señora, infórmese, ¡quien no puede hablar por teléfono es quien maneja!". Aunque claro, hubiese perdido, quién sabe qué cosa me hubiera contestado, y las canas se respetan.


La señora bipolar

O cómo una señora primero le pega a un cobrador para luego defenderlo de la policía.

Estoy por Miraflores en combi (sí, tengo el karma de siempre viajar en combis) y está parada en un semáforo en rojo. Cuando cambia a verde, una señora la quiere parar. El carro obviamente no se quiere detener, pero la mujer sigue al carro, agarra al cobrador por la ventana, el carro se detiene y la señora le comienza a meter golpe al cobrador, porque pasaba la voz al carro y no se detenía (para tal caso, ¿no "debía" pegarle al chofer?). Luego dejan subir a la señora al carro, obviamente el cobrador asustado cubriéndose para que no le caiga más golpe, y la señora lo seguía insultando con palabras que no pienso repetir.

Un par de cuadras más allá, la policía detiene a la combi, imagino yo, por el hecho de recoger a un pasajero en un paradero no autorizado o por detenerse cuando la luz estaba en verde (es decir, por la culpa de la señora). Y acá es que la señora se transforma y comienza a defender al chofer y al cobrador, diciéndole al policía "señor, sólo están haciendo su trabajo".

Aun así, creo que, luego de eso, siguió insultando al cobrador. Díganme acaso si esta señora no es una digna representante de los "orates urbanos".

El loco "de nada"

Esto ocurrió hace ya varios años y en un trayecto corto. Primero voy a contar exactamente lo que ocurrió, y luego divagaré un poco sobre lo que pudo haber ocurrido si el trayecto era más largo.

Subo con mi mamá a una combi para ir a comprar a un supermercado. Yo estaba en el asiento del cobrador y sube un señor de unos 70 años con bastón. Mi mamá estaba en el asiento reservado y a su lado había una persona joven que no se paró para darle asiento al viejecito. Como yo vi que había otro asiento libre, me paré y me senté ahí para darle sitio al, hasta ese momento, apacible señor. Mientras lo hice, seguía conversando con mi mamá. El señor, todo educado, me dijo gracias.

Pues, ustedes dirán, ¿ésto qué tiene que ver con orates urbanos? Pues tiene, y mucho, por lo que ocurrió después. El señor siguió diciendo gracias pero de una manera medio gritona y fea, y me decía "joven, le estoy hablando, le estoy diciendo gracias" y yo le contesté "señor estaba conversando con mi mamá", y sin que me permita decirle algo más me comenzó a decir que era un maleducado, un malcriado porque no sabía contestar, que si alguien daba las gracias uno debía contestar "de nada", que era una falta de respeto y una serie de locuras más, en una forma y un tono nada agradable. Si hubiera sabido cómo se iba a portar luego no me hubiera incomodado (el asiento al que me pasé era muy pegado y a las justas entraban mis piernas).

Ahora, qué hubiera pasado si es que el viaje hubiera durado más tiempo y el viejo me seguía agrediendo después que le cedí el asiento. Seguramente le hubiera dicho algo así como "mire señor, si no le digo 'de nada' es porque para mi ha sido una incomodidad, y lo he hecho no porque lo quisiera, sino porque era una obligación moral darle un asiento a un viejo, cosa que la persona joven que está en el asiento reservado no ha entendido, y para mi no ha sido 'de nada'. Si hubiera sabido la clase de señor que era, hubiera dejado que usted viajara incómodo y yo hubiera seguido en mi sitio".

Y sí, yo también tengo algo de orate urbano.

Las ciudades nos vuelven locos

Este blog nace por el deseo de querer compartir las historias que uno puede vivir día a día en cualquier ciudad, pero que quizá sean muy sui generis en nuestra Lima querida, llena de combis, vendedores que suben a los micros, lustrabotas, dateros, y gente común y corriente que de un momento a otro pierde los papeles por completo por culpa, quizá, de una urbe que los come vivos, o de repente porque simplemente están locos de remate.

Son tantas historias acumuladas a lo largo de los años que de seguro al inicio la publicación de post será bastante seguida, quizá hasta un par por día, y luego iré escribiendo conforme tenga vivencias dignas de contarse.

También pueden contarme las suyas en los comentarios de cada día, la idea es poder, en cierta medida, sacar todo lo que esta ciudad y sus "pintorescos" personajes nos provoca.

Acá termina la introducción, y ahora a contar historias.